En este Día del Libro, os regalo uno de los antipoemas de Nicanor Parra, poeta chileno galardonado este año con el Premio Cervantes.
AUTORRETRATO
Considerad, muchachos, Este gabán de fraile mendicante: Soy profesor en un liceo obscuro, He perdido la voz haciendo clases. (Después de todo o nada Hago cuarenta horas semanales). ¿Qué les dice mi cara abofeteada? ¡Verdad que inspira lástima mirarme! Y qué les sugieren estos zapatos de cura Que envejecieron sin arte ni parte.
En materia de ojos, a tres metros No reconozco ni a mi propia madre. ¿Qué me sucede? -¡Nada! Me los he arruinado haciendo clases: La mala luz, el sol, La venenosaluna miserable. Y todo ¡para qué! Para ganar un pan imperdonable Duro como la cara del burgués Y con olor y con sabor a sangre. ¡Para qué hemos nacido como hombres Si nos dan una muerte de animales!
Por el exceso de trabajo, a veces Veo formas extrañas en el aire, Oigo carreras locas, Risas, conversaciones criminales. Observad estas manos Y estas mejillas blancas de cadáver, Estos escasos pelos que me quedan. ¡Estas negras arrugas infernales! Sin embargo yo fui tal como ustedes, Joven, lleno de bellos ideales Soñé fundiendo el cobre Y limando las caras del diamante: Aquí me tienen hoy Detrás de este mesón inconfortable Embrutecido por el sonsonete De las quinientas horas semanales.
Dicen que es como Venecia: aristócrata, cerrada, decadente, prisionera de su historia, rehén de su singularidad, ensimismada en su belleza. Dicen que es una isla sin mar, una ciudad-estado sin estado; dicen que se sabe universal y que es provinciana y no lo sabe. Dicen que es una vieja dama que a diario se mira en el espejo del río que la abraza y le pregunta: ¿hay alguna más guapa que yo? Y dicen que nunca espera la respuesta: ¿es que puede haber otra más hermosa? Dicen que es discreta y recatada, como una doncella; y seca y estirada, como un higalgo; cordial con quien lo merece, distante con los demás. Dicen que tiene dos caras: devota y pícara, beata y golfa, ligera de cascos unas noches, asceta otras. Dicen que es capital de un mundo que empieza y termina en su propia capital. Dicen que es cálida, pero sabe ser fría. Dicen que es acogedora, pero marca distancias. Dicen que te abre sus puertas, pero no todas.
Dicen, dicen, dicen… Se dicen tantas cosas de Sevilla. Pero el caso es que todas se dicen del mismo modo: de Sevilla solo se habla como se habla de las personas. Ya la miren con amor, con desconfianza o con desdén, nunca podrán evitar la visión antropomorfa que provoca esta ciudad, cuyos rasgos humanos se imponen siempre sobre sus notables rasgos físicos. No. No intente despacharla con una sola metáfora o un simple adjetivo. Es personaje complejo y contradictorio. Y muy rico. Y muy diverso.
Y Dios me hizo mujer, de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer. Con curvas y pliegues y suaves hondonadas y me cavó por dentro, me hizo un taller de seres humanos. Tejió delicadamente mis nervios y balanceó con cuidado el número de mis hormonas. Compuso mi sangre y me inyectó con ella para que irrigara todo mi cuerpo; nacieron así las ideas, los sueños, el instinto. Todo lo creó suavemente a martillazos de soplidos y taladrazos de amor, las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días por las que me levanto orgullosa todas las mañanas y bendigo mi sexo.
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En las sesiones de Tutoría de estas últimas semanas nos hemos centrado en este tema, particularmente en la existencia de mujeres pintoras, escritoras, científicas, inventoras…
En 4ºB hemos recordado a muchas escritoras y las hemos dado a conocer al resto del alumnado del centro a través de murales: Mary Shelley, Agatha Christie, Rosalía de Castro, Virginia Wolf, Ana Mª Matute, Simone de Beauvoir, Jean Austen…
Aunque con un poco de retraso, deseo a todas aquellas personas que pasen por este blog un próspero 2010, cargado de salud, felicidad y nuevas ilusiones.
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Y como estamos en vísperas…
EL CAMELLO COJITO (AUTO DE LOS REYES MAGOS)
El camello se pinchó con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino….
E intranquilo el gran Melchor
consultaba su “Longinos”.
-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
-Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.
El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.
Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.
A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!
Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.
A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Campos de Castilla.
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Desde que el 17 julio de 2006 se cumpliera el septuagésimo aniversario del comienzo del Horror, son demasiadas las efemérides lamentables relacionadas con él; la más esperada, sin duda, la que celebraremos el próximo 1 de abril: el fin del conflicto que en tan solo tres años desangró España. Quedaron muchas voces en el camino, pero nos seguirán acompañando sus palabras.
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.
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Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.
Proverbios y cantares
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Antonio Machado, nacido el 26 de julio de 1875 en el sevillano Palacio de las Dueñas, es uno de los miembros más representativos de la Generación del 98.
En febrero de 1939, durante la Guerra Civil Española, se exilia en Collioure (Francia); allí, el 22 de febrero del mismo año, poco después de su llegada, se produce su muerte. En su bolsillo se encuentra su último verso…
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“Estos días azules y este sol de la infancia“
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Para concluir, la voz de Serrat, aquella que algún día nos acercó aún más si cabe al poeta.
No recuerdo quién llegó primero a mi vida; tal vez los dos al mismo tiempo, allá por mediados de los 90, cuando estudiaba 2º de BUP. En cualquier caso, ambos lo hicieron para quedarse conmigo para siempre (“¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria”).
(*) Antonio Machado en el café de las Salesas. 8 de diciembre de 1933.
Hoy, precisamente hoy, me he encontrado con esta fotografía en la exposición ‘Alfonso. 50 años de historia de España’. En ella, casi cien instantáneas realizadas por Alfonso Sánchez García, ALFONSO, entre 1904 y 1937, y muestras gráficas de los acontecimientos más relevantes acaecidos durante el primer tercio del siglo XX en España.
Hoy hace un año que nos abandonó Ángel González, pero aún (y por siempre) nos siguen quedando sus palabras:
CUMPLEAÑOS
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.